Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible, y es cierto... 4 años después sigo pensando lo mismo. Uno aprende a que querer no siempre significa ser querido, el silencio es ausencia y la ausencia... te aparta de lo más querido.
Quiero volver atrás, a cuando era un niño, y tan solo volver la felicidad y la inocencia, la fuente y maná de mi vida, felicidad como oxígeno, eso es. Cierto es que la felicidad no está al lado de nadie, aunque también tengo ciertas discrepancias en ello. Ver sus ojos plasmados en su rostro, su mirada indica felicidad, me enseñó a que reír es la única salida a todo, me enseñó a sacar la felicidad en porciones, y esas porciones a su vez a dividirlas en momentos. A la hora de despertar, tengo los segundos más bonitos del día, me siento privilegiado por poder tener a alguien que se preocupe por mi, y que a su vez me desee lo mejor en mi día. Miento si digo que a día de hoy es de las escasas cosas que sacan en mi una sonrisa... Miento también si digo que soy feliz, por que jamás supe ser feliz, estúpido, ¿cierto?
Mi padre me solía decir que los sueños no eran más que retos que jamás nos habíamos planteado. Guardo en lo más profundo de mi sus palabras, pues dentro de mi, tengo un baúl con sus recuerdos.
Me decía a mi mismo que nadie me entendería, que nadie realmente me entiende, y lo peor es... que me lo creía. Vivo pensando que nadie me entiende y supongo que alguien lo hizo, alguien lo hace o incluso que alguien lo hará... Lo cierto es que hay alguien que sin saberlo ya lo está haciendo, yo me preocupo más por las personas que por mi mismo y puedo asegurar que a día de hoy es ella quien mantiene un equilibrio.

